Portada Extraviado en Laguna Azul de Pucón agradece y hace «mea culpa» tras ser hallado Prensa Hola Araucania16 de abril de 2026047 vistas Osvaldo Contreras Silva (66) estuvo extraviado durante dos días y medio en la precordillera regional, hasta que un encuentro casual, tras un errático caminar desde la Laguna Azul, le permitió contactarse con la “civilización”, en donde había un amplio despliegue de casi un centenar de rescatistas que lo buscaban. Amante de la montaña y aficionado al trekking desde los 35 años, ahora a sus 66, Osvaldo Contreras Silva -enfermero de profesión- jamás imaginó que generaría un despliegue de casi un centenar de rescatistas, después de que una salida a la precordillera de La Araucanía “saliera mal”; aunque con “un final feliz”. Este profesional salió a recorrer, desde el Fundo El Porvenir, un largo tramo para llegar a la Laguna Azul -sector Palguín Alto-, en una caminata de mediana dificultad, pero que este tomecino de nacimiento y puconino por elección le perjudicó hasta extraviarse el sábado por la tarde-noche y ser encontrado, en buen estado, el último lunes, a eso de las 14.30 horas. Como agradecimiento, por el gran despliegue de equipos de emergencia de los municipios de Pucón y Curarrehue; además de bomberos, carabineros, CONAF y el Ejército, es que el mismo excursionista decidió hablar con la primera autoridad de Pucón, el alcalde Sebastián Álvarez y, a través de él, valorar toda la labor desplegada. TIEMPO ACOTADO -¿Cómo fue la decisión de salir y hacia dónde? – Fue la decisión de llegar a la Laguna Azul, que es una montaña por referencia, porque yo no la conocía bien, solamente la conocía por Internet. Y fui el sábado sabiendo que tenía tiempo hasta las 19 horas por la lluvia que se venía. Y empecé a subir, seguí el sendero, atravesé el bosque de coihues y llegué hasta una planicie. Yo la catalogué como zona segura, en caso de que pasara algo, y atravesé un estero. Llegué hasta el bosque y las balizas del Villarrica Traverse. Había una visibilidad más o menos de 30 metros por la neblina. Caminé como una hora por ese sendero hasta que decidí a las 14 horas sentarme, pensar y abortar el trekking. Yo no veía nada más que neblina y me senté, me tomé un café, me alimenté, me hidraté y me iba a regresar. -¿Y cómo fueron los tiempos? – Yo salí del fundo El Porvenir a las 9 y media y cuando se despejó la Laguna Azul eran las 14.05. Yo ahí dije, no puedo seguir caminando porque tengo que bajar. Así que a las 14 yo dije hasta aquí no más llego, me alimenté, me hidraté, vi la laguna, la contemplé y tomé la decisión de volver. En ese instante aparece una nube blanca en el cielo con un viento o ruido y empieza lentamente a tapar toda la montaña. Ya eran las 14.15 o 14.20, y empecé a bajar. Seguí el camino de las balizas, pero ya estaban tapándose, había una visibilidad de dos metros hasta un metro a veces, por lo que, por las inclemencias del tiempo y de la neblina, del peso de la neblina, tuve un traspié con la ruta, porque en vez de girar después a la derecha, giré antes. MEA CULPA -¿Hace una autocrítica? – Yo creo que uno de los errores fue subestimar a la montaña, este cerro, porque yo había subido otros peores que son más grandes, como el San Sebastián, el Volcán Villarrica o el Quetrupillán, y uno va más preparado. Claro, porque yo los conocía. Este lo conocía por referencia y fotos, pero yo nunca lo había hecho. Por lo tanto, mi error, y eso es para la gente joven, no subestimar a la montaña jamás. Yo creo que es una falta de respeto hacia la naturaleza, y es lo que yo recomiendo. O sea, si pasó esto es porque yo fui responsable, y si yo me metí, tengo que yo salir de esto. Así que no faltarle el respeto a la montaña, tomar todos los resguardos. Y lo otro, que también hay que hacer, es avisar a CONAF en qué condición está uno y anotarse en alguna parte para precaver todo esto y no estar a última hora pasando por lo que pasé yo. – ¿Influyó el clima? – El clima fue lo fundamental, porque el montañismo tiene estas cosas. Uno es cabeza, es mente y tener la tranquilidad. Dos, la parte física, que también tiene que ver con un buen estado físico. Y lo otro, que es obvio, el clima, porque con la montaña no se juega. Lo que manda es la naturaleza. Uno no puede ir en contra de eso, tiene que ir a favor, tiene que abuenarse. Y, a lo mejor, fue uno de los errores míos tratar de ir en contra de eso, pero me di cuenta y me empecé a abuenar con la montaña, y empecé a bajar, a acercarme a ella. Al final, pasé el riachuelo por otro lado, pero sabía que había que rectificar la ruta. ¿Y cómo rectificaba? Tenía que subir a un lugar alto, así que busqué una montaña o un cerro alto para poder mirar si estaba bien ubicado o podía rectificar la ruta. Subí, ahí fueron como un cuarto de hora porque la montaña era alta, había venado, un ciervo, conejo, todas esas cosas de la naturaleza, y hasta que pude rectificar y llegué a la planicie. La planicie era grande, pero ya eran las 6 de la tarde, y a esa hora se empezó a oscurecer, había más neblina, empezó a hacer frío y había unas lengas y en las lengas empecé a buscar un refugio, porque ya me di cuenta que bajar del cerro a esa hora y buscar el bosque era una imprudencia y una inseguridad. “ABC” DEL TRAUMA -Y dos días después, ¿cómo se contactó? – Me acordé, obvio, del 131 y me comuniqué con el SAMU de Valdivia, el centro regulador de Los Ríos. Ellos, en forma amable, me buscaron el teléfono del hospital de acá, y ahí pude comunicarme a través del celular (del lugareño que lo encontró en las cercanías de Liquiñe) al hospital de acá. A mí me encontraron al mediodía (del lunes), y ya a las 2 y media ya sabían que estaba acá y estaba bien. Y yo dejo el recado: “Estoy bien, estoy en Liquiñe, pero estoy bien. Así que voy a tomar un Uber y me voy a ir a Coñaripe”. Y eso me da risa ahora porque ese era mi plan, entiendan que yo no sabía, no sabía que andaban buscándome casi toda la ciudad y la mitad de la comuna, porque yo me iba a ir en un Uber y después en micro para acá, pero eso tienen que entender. Ahora entiendo todo y doy los agradecimientos a todas las instituciones, me siento orgulloso de estar acá, porque se unieron todas las instituciones en pos del rescate de una persona, sea yo o cualquier otro. -¿No sabía todo el despliegue para encontrarlo? -No sabía todo el despliegue que estaba pasando, porque yo estaba en la montaña, yo veía árboles, tierra, piedras, pajaritos, nieve, pero no veía nada más que eso. No vi nunca a un ser humano. Entonces, tienen que entender eso, que yo, incluso la reacción mía no fue de las mejores cuando bajé, y la persona que me encontró tampoco sabía que yo estaba como extraviado y había todo un despliegue casi nacional, tampoco estaba yo con los teléfonos de las personas, de mis hijas, de mi pareja o de familiares, tampoco uno anda con eso. Otra lección. Sí había pensado que hay números de emergencia; por ejemplo, el ABC del trauma, la A de Ambulancia, el 131; la B, de Bomberos, el 132; y el C, de Carabineros, el 133. AGRADECIMIENTOS -¿Por qué quiso hablar públicamente sólo hasta entrevistarse con el alcalde de Pucón? – Yo soy vecino de Pucón, el Parque Nacional Villarrica pertenece a Pucón y la primera persona que yo tenía que hablar y darle las gracias por esto era al alcalde, que era mi autoridad. Muchas personas han querido hablar conmigo, y no, yo creo que lo formal es esto, por respeto a la autoridad. Igual fui jefe en algún momento y la jerarquía es lo que más uno agradece y el ordenamiento. Así que muchas gracias al alcalde de Pucón, con todo su equipo, con el equipo de rescate, de emergencias y con todo lo que hicieron en el puesto de mando. Yo no me imagino todo todavía, todavía no me han contado todo. Además, agradezco al alcalde de Curarrehue, que también supe que estuvo todos los días ahí, y también tengo que hablar con él y darle las gracias por lo que pasó. A él le doy las gracias y ofrezco mis experiencias, mi conocimiento como enfermero, como reanimador y ahora como sobreviviente de este episodio. Y a los jóvenes que no se expongan y no tengamos más accidentes ni más lamentaciones que nos puedan acaecer. Ese es el mensaje.